domingo, abril 21, 2013

Worry do.

No es que no sepa enamorarme, es que quizás lo haya estado tantas veces que ya no sepa si alguna vez lo estuve, o si no lo estoy ahora incluso. Creo que debe ser algo así como lo que creemos que es un parto para Maru Botana, quien seguramente a esta altura de su prole le resulte posible parir con el esfuerzo de un tosido.

En este mañana de belleza inmensa, buscaba mi carpeta de apuntes de fotografía y encontré un libro dedicado que me regalaron en mi más tierna adolescencia. "Te amo y no puedo ni quiero dejar de hacerlo", expresaba.

Adivinen qué pasó...

Antes de eso me dijeron "¿sos consciente de que soy exactamente 9 meses más grande que vos? claramente fuiste hecha a medida para mí una vez que nací". Adivinen de nuevo.

Y de eso, mucho y muchas veces más, de modo que un poquito de privacidad me guardo para mí misma.

Y, oh, el cinismo de luego.
Después de romper corazones y que te lo rompan a vos, después de defraudar y ser defraudada, ¿cómo podés evitar el cinismo? ¿cómo podés fingir que no conocés los instintos de las personas? ¿cómo podés hacer de cuenta de que no te conocés ni un poco a vos misma?

El problema no es la falta de compromiso, sino que lo es el sobrecompromiso que te lleva a intentarlo muchas muchas veces con un sinfín de perfiles distintos. ¿Qué tan necesario es conocer el mundo cogiendo? ¿Qué te habilita para tener un noviazgo más? Un poco Sabina, un poco Tomás, otro poco Clementine Kruczynski.

¿Cómo sabés cuando parar? ¿Cómo se acuerda uno de cómo era estar enamorado sin miedo? ¿Cómo se permite uno enamorarse sin perderse a sí mismo?

¿Cómo se ama sin sentir que cargás un lastre?

Por todo esto, yo estoy un poco preocupada, la verdad.

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